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Integristas
Debo hacer una confesión muy importante, al menos para mí. Se trata de algo que he descubierto hace poco y que provoca que deba cambiar radicalmente mi relación con el resto del mundo.
Soy un integrista amante de la violencia.
La verdad es que no lo sabía, y siempre me refería a ellos en términos despectivos ya que no encontraba nada agradable que pensar de alguien que manifestaba tan poco respeto por la vida de los demás, pero si no quiero caer en una espiral de locura que me lleve a acabar con mi propia existencia debo rectificar y mirar con otros ojos a los fundamentalistas violentos ya que soy uno de ellos.
Lo cierto es que el mérito de este descubrimiento no es mío, ni mucho menos, el reconocimiento hay que otorgárselo a D. Fernando J. Pérez, periodista de El Pais que hacía esa revelación al comienzo de este artículo (escrito el pasado jueves 16 de febrero).Ni siquiera tengo yo el mérito de haber descubierto este escrito, esta magna joya que derrocha racionalidad por todas sus letras, ya que me llegó la noticia a través de la lista de socios de Hispalinux (esa asociación de fundamentalistas, ¿tal vez talibanes?, cuyo único objetivo es la destrucción de la civilización occidental encarnada en la empresa Microsoft).
Mi único mérito, si es que se puede calificar así, es el de haber leido y digerido la magnífica obra intelectual del periodista de El Pais en la que se nos compara a los convencidos del Software Libre con los fundamentalistas musulmanes que queman embajadas y amenazan de muerte a los ciudadanos europeso, o dicho en otras palabras aunque con la misma idea transmitida por este terrorista, los seguidores del Software Libre somos muy pareciso a los terroristas que asesinan, mutilan o entierran vivos a cualquiera que no siga sus principios.
En concreto la frase con la que D. Fernando J. Pérez encabeza su artículo (por si a alguien no le apetece seguir el enlace y leerlo en la página de El Pais) es:
Si los musulmanes no pueden representar gráficamente a Mahoma, ayer se descubrió en Málaga una nueva doctrina que lleva más lejos los tabúes. Se trata de los seguidores del software libre, que se niegan siquiera a pronunciar un nombre, en este caso el de su más mortal enemigo, el todopoderoso presidente de Microsoft, Bill Gates.
La verdad es que el párrafo es bastante interesante porque entre otras cosas nos abre los ojos a los usuarios de Software Libre en varios aspectos:
- Es más cruel no nombrar a Bill Gates en una conferencia sobre software libre que quemar la embajada danesa
- Identifica claramente quién es nuestro más mortal enemigo
- Deja sembrada la duda sobre si Bill Gates es Dios (yo siempre escuché el término todopoderoso ligado al de dios)
- Tal vez el señor Pérez tenga un resentimiento personal hacia algún convencido del software libre que le ha hecho confundir el todo con la parte. Si es así no se preocupe, es muy común que a la gente se le nuble el juicio y haga o diga algo completamente inadecuado. En el peor de los casos un tratamiento psicológico puede ayudarle a superarlo.
- Quizás el señor Pérez tenga una experiencia negativa con algún programa libre y le ha llevado a renegar de todo lo que tenga que ver con el software libre hasta el punto de insultar a personas que no conoce. La solución a este problema sería similar al anterior
- Puede que el señor Pérez tenga algún interés (¿económico?, ¿personal? ...) en atacar el software libre. En este caso me temo que no hay solución a su problema, incluso puede ser que no exista problema para usted porque lo considere más rentable que mantener cierta imparcialidad.