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La coherencia de las palabras
El otro día escuché la noticia de una mujer que era la primera en asumir el mando de un buque de la Armada española, en concreto de una patrullera.
Hoy en el desfile de las Fuerzas Armadas, con motivo de la Fiesta Nacional, se han vuelto a referir a esta mujer, teniente de navío, con objeto, supongo yo, de resaltar la modernidad del Ejército español.
Sin embargo hay algo que mi pobre cerebro es incapaz de procesar.
El cargo de teniente de navío ha sido, desde siempre, patrimonio exclusivo de hombres, no de mujeres, es más cualquier puesto del Ejército era ocupado siempre por un hombre pues se entendía que era una labor propia de hombres, no de mujeres. De esa manera todos los términos militares relacionados con la jerarquía militar tenían significado en cuanto a que eran hombres quienes los ocupaban.
Por eso y teniendo en cuenta que los tenientes de navío han sido siempre hombres, y que su propia definición del cargo llevaba implícita esa condición sexual en quien lo ostentaba, parece claro, cuanto menos coherente, que esta mujer tendrá o debería tener otro cargo distinto al de teniente de navío, eso sí con los mismo derechos y obligaciones, pues así obliga la Constitución, pero llamándose de esa manera. El cargo teniente de navío debería aplicarse únicamente a hombres.
Ya se que es una cuestión semántica pero debería tenerse en cuenta para no pervertir el significado real de las palabras.
Creo que el PP debería actuar con la misma coherencia y diligencia que en el caso del matrimonio entre homosexuales y recurra estos nombramientos en aras de mantener el significado ancestral de nuestro lenguaje.