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Gestos políticos

Este fin de semana pasado hemos podido ver las imágenes de un par de personas bromeando frente a una tienda de recuerdos turísticos. Estas dos personas jugaban con una corona de espinas adquirida en la tienda mientras se hacían fotos ante la presencia de las cámaras de televisión y de fotógrafos profesionales. Todo esto no sería más que una simple anecdota sino fuera por la identidad de estos dos personajes, ya que no se trataba de dos turistas anónimos, estas dos personas que se estaban divirtiendo eran el lider de uno de los tres partidos que forman el gobierno catalán y el presidente del mismo gobierno catalán. Un actuación de este estilo protagonizada por dos turistas anónimos no tiene una significación especial pero cuando es ejecutada por un representante del pueblo (en este caso diputado y presidente autonómicos) se acaba por extender esa actuación más allá de los límites de las personas que lo protagonizan haciendo que salpique de forma casi directa a los representados. El hecho de jugar con la corona de espinas ha supuesto que mucha gente, fieles de una determinada religión, se hayan podido sentir agraviados al considerar que se estaba pisoteando uno de sus símbolos, y esto es algo que ningún político sea del signo que sea, tenga o no tenga convicciones religiosas, no puede hacer. Actos como el protagonizado por Carod Rovira y Maragall en Israel, o los protagonizados por todos los Presidentes del gobierno y Ministros de Defensa asistiendo a celebraciones religiosas (por ejemplo pascua militar) en representación de TODOS los españoles están fuera de lugar, en el primer caso porque se juega innecesariamente con un símbolo de una determinada comunidad de creyentes, y en el segundo porque como representante de todos los españoles, como miembros de un gobierno en un estado laico (garantizado por la Constitución), se asiste a una ceremonia religiosa, haciendo que los no creyentes, los defensores a ultranza del laicismo que se deriva de la Constitución, asistamos también al mismo acto religioso en calidad de representados. Creo que es nuestro deber exigir a nuestros representantes un mínimo de respeto por TODOS y que piensen, si es que son capaces de tal ejercicio, en las repercusiones que algunos gestos pueden tener.