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La gran oportunidad

El próximo 24 de mayo es el día clave, el punto de inflexión que cambiará nuestras vidas, el momento en que se empezarán a solucionar nuestros problemas ... es decir, lo mismo de cada cuatro años (o menos si tenemos en cuenta otras convocatorias).

A mí esta fecha tan transcendental me recuerda a ese partido del siglo que se celebra irremediablemente todos los años, aunque tengo que reconocer que hay una diferencia ya que hay algunos, normalmente pocos, partidos del siglo que no decepcionan a los aficionados mientras que todavía no he vivido ninguna "elección del cambio" que no haya defraudado (sí también a Hacienda).

Por obra y gracia de ese "momento histórico" durante estos días estamos sometidos a un bombardeo continuo de frases grandilocuentes, soluciones que el iluminado de turno tiene a bien regalarnos a la plebe, en definitiva, mensajes pidiéndonos lo que tanto les importa, nuestro voto o lo que en un increíble ejercicio de cinismo ellos llaman participación, es decir ir un día a una urna a depositar nuestras ilusiones a cambio de dejarles tranquilos los 1460 días restantes de la legislatura.

Hace ya unos cuantos años Albert Einstein dijo:

Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.

A lo largo de los muchos años de existencia de la democracia parlamentaria[1], con algunas honrosas excepciones siempre hemos hecho lo mismo, es decir el día de las elecciones hemos ido a votar o tal vez no hemos ido, y el resto de los días de la legislatura nos hemos quedado en casa escuchando las enésimas mentiras de los políticos o con suerte hemos participado en alguna tertulia en el bar de la esquina quejándonos de lo mal que nos va con este gobierno y de lo penosa que resulta la oposición.

Tal vez sea el momento de hacer caso por una vez, a Einstein y el día 24 votar o no votar, pero el día 25 salir a la calle a protestar y el 26 pedirle cuentas al politifioso de turno y el 27 exigirle que destine una partida de X euros al servicio Y, y el 28 que firme determinado acuerdo ...

En definitiva estar día sí y día también detrás de los politicastros, fiscalizándoles las cuentas, denunciando lo que hacen y lo que no hacen, haciendo política en suma, porque si seguimos delegando, si dejamos la política otra vez en manos de los profesionales, si permitimos que los deshonestos[2] sigan dictando nuestros pasos, con independencia de que votemos o de que nos abstengamos, seguiremos haciendo lo mismo, y como decía Einstein, el resultado será el de siempre.


[1] Democracia parlamentaria, también conocida tristemente como democracia de representantes que no representan a nadie porque están muy ocupados en ocuparse de sus propios intereses
[2] El mundo se divide en dos tipos de personas: los honestos y los políticos