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Gastos, cuentas y cuentos

No se muy bien cuando llegó, si es que lo hizo porque los más antiguos decían que siempre había estado allí. Bueno tal vez no fuera el mismo, quizás al principio fuera su padre o tal vez su jefe que ahora se retiraba para dejar paso a gente más joven, el caso es que eran los administradores de la comunidad de vecinos desde tiempo inmemorial.

La verdad es que uno no tenía que preocuparse de nada, si había que cambiar una empresa de limpieza, de compañía de seguros, de mantenimiento de ascensores o de lo que fuera, ellos se encargaban de buscar varios presupuestos y elegían la opción que conjugaba una mejor relación calidad-precio.

Nosotros simplemente teníamos que pagar la cuota que cada año y como consecuencia de la inflación aumentaba progresivamente, pero no era necesario pensar nada más, su labor hacía que nos pudiésemos despreocupar de la ingrata gestión de la comunidad.

Sin embargo un día llegaron unos nuevos vecinos al bloque y ahí comenzaron nuestros problemas.

Esta gente empezó pidiendo la relación de los ingresos y gastos que teníamos en la comunidad, que con buen criterio los administradores no nos solían proporcionar pues es preciso tener un master en contabilidad para entenderlo y de esa manera nos evitaban dolores de cabeza. Sin embargo ese argumento tan contundente no les convencía a nuestros nuevos vecinos. Estaba claro que se trataba de esos que quieren hacerse notar y que lo único que hacen al final es dar por culo a todo el mundo.

Cuando al fin consiguieron la relación de ingresos y gastos y tras analizarlos (aunque yo sinceramente creo que ni lo leyeron porque me daba la espina que esos sabiondillos realmente no tenían ni idea de números) siguieron con sus peticiones, ¡ahora querían facturas de los gastos!.

Los administradores por supuesto se negaron pues las facturas contienen datos demasiado sensibles como para permitir que puedan caer en manos de cualquiera, sin embargo no contaban con que la semilla de la traición estaba germinando en nuestra comunidad. Poco a poco se fueron sumando a los incómodos vecinos, otros más "veteranos", aunque lo cierto es que no se les veía mucho por ahí porque rara vez bajaban a las reuniones.

Los administradores ante la presión, cada vez mayor, de estos vecinos indignados (aunque para indignación la mía que por su culpa podíamos llegar a perder a unos gestores tan profesionales como los que teníamos desde hacía tantos años) acabaron por proporcionarles algunas facturas con la esperanza que fuera suficiente, pero ni por esas se contentaron, ¡querían una justificación de todo lo que se había gastado! y por si fuera poco preguntaban que quien había tomado la decisión de hacer ciertos gastos "superfluos" cuando la comunidad tenía necesidades más acuciantes. ¡Como si los administradores no supieran qué es lo que necesitábamos los vecinos para perder su tiempo y el nuestro en preguntarnos!.

Finalmente la locura se apoderó de la comunidad, tan solo yo permanecí hasta el final al lado de los administradores respaldando su gestión, pero mi esfuerzo no sirvió de nada y los ingratos acabaron echando a los administradores acusándoles de fraude en los gastos.


Tal vez lo anterior sea un cuento o tal vez no, tal vez los gobiernos municipales sean como esos administradores. En tu mano está ser como esos vecinos complacientes que preferían no conocer o por el contrario ser como esos otros vecinos que empiezan a tirar de la manta para descubrir primero las miserias y corregirlas después.

Si estás en el segundo caso, el próximo sábado 28 de Junio a las 10:30 en la Plaza General Palacio de Getafe, AdA Getafe y EQUO Getafe van a poner en marcha, con tu ayuda, un observatorio municipal para auditar las cuentas municipales, porque tenemos derecho a saber en qué se gasta el gobierno municipal nuestro dinero.